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No son calacas escritoras, ni mucho menos muertos que caminan y van penando su suerte. Las calaveras literarias es otra de nuestras tradiciones que muere en aras del “progreso”, y que representa la máxima manifestación de expresión popular en contra de todo aquello (y aquellos) que oprimen y reprimen el vivir del mexicano.
Las “calaveras” fueron en México desde el siglo XIX, la única forma utilizada “con permiso” del gobierno, para decir verdades a funcionarios y personalidades, pero…¿Qué son las calaveras literarias?. Las calaveras literarias son una especie de epitafio humorístico, en forma de verso, dedicado el día de difuntos (2 de Noviembre) a los amigos…y a los otros (los amigos de lo ajeno). Las susodichas calaveras, se publicaban en hojas sueltas, en periódicos y revistas, y se vendían al público el mero 2 de Noviembre. Desde luego las mejores eran anónimas, porque eran las más lanzadas, y en esos casos la policía las confiscaba y destruía (según el sentido del humor del gobernante en turno), y por ello muchas se han perdido (las meras buenas) y no hay constancia de ellas en ninguna hemeroteca.
En un principio las “calaveras” se llamaban “panteones”: uno de los más antiguos de que se tiene registro data de 1885 y apareció en el periódico semanal titulado “La patria ilustrada”. José Guadalupe Posada, el espléndido artista mexicano, dedicado al grabado (¿quien no conoce a la famosa Catrina de Posada?), se propuso junto con Vanegas Arroyo, redactor y editor de un periódico de la época, ilustrar las calaveras que este escribía y así nacieron más de 200 imágenes de las mejores calacas mexicanas.
Pasada la Revolución, se estableció un rígido control de la prensa y sobre todo se hizo del “Señor Presidente” un Dios intocable. Las críticas a los gobiernos “Revolucionarios” se quedaron en chistes de sobre mesa (que perduran hasta la fecha) y las calaveras se limitaron casi a artistas, literatos y periodistas. Las calaveras, casi a punto de morir de mediocridad, tuvieron un segundo aire cuando en 1939 se fundo el Taller de Gráfica Popular con los mejores grabadores mexicanos y una de cuyas actividades fue la edición de calaveras.
Muchísimas calaveras políticas, de artistas, personajes, hechos y circunstancias se han escrito desde entonces y hoy a tantos años de distancia, se conserva, aunque muy poco, esta virtud humorística de los mexicanos, donde su creatividad le ayuda a defender con derecho su libertad de palabra y a levantar con humor sus quejas e inconformidades.
Para muestra un botón, eh aquí una calavera 100% cortazarense, escrita por la Sra. Guadalupe Flores Arzate, quien ha retomado esta tradición por muchos años y aún hoy nos regala esta calaca dedicada a la hoy tristemente célebre Gloria Trevi:
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